Nueva York es musa. Lo que dice Negroni ya fue conjurado por Lou Reed, aquel rockero que hizo la cruza cool de vanguardia y calle. Poesía rupturista, de pibito universitario “artista”, y experiencia callejera como heroinómano. Si bien Nueva York es ciudad cosmopolita, popurrí multirracial, mantiene un rasgo norteamericano: el mind your own business. O hace la tuya. Negroni alaba lo que provee la ciudad yanqui: el anonimato. El pasar sin ser visto, sin ser molestado, sin ser para los otros. La contrapartida de aquel desinterés, es la anti solidaridad: te podes desangrar en Central Park sin que nadie se percate. “Nada más interesante que el anonimato para vivir y crecer“
“¿Qué hacer-pregunta la autora- cuando se nos cuela una frase, una palabra, en inglés? ¿Deberíamos censurar la intromisión?” Yo no lo hago. Si embellece y funciona, adelante. Negroni comparte las idas y vueltas entre NY y Baires. Entre ese aprendizaje antropológico, de extrañarse, y ganar perspectiva. De la comodidad del des-compromiso ante la amenidad neoyorkina. Por último, percibe una progresiva uniformidad entre culturas gracias a la globalización. Pero sospechosamente cuela el término “aculturación”. ¿Se pierde cultura? La discusión entonces pasa por la pérdida, si real, de la diversidad. Si se pierden culturas locales y se occidentaliza el mundo. No me termina de cerrar.
La voz del enunciador se desplega sin firmeza, acompañada de la duda que le traslada al lector. No intenta probar una tesis concluyente, sino avanzar con el Otro, quien lee. Habla y cita, alternando con el inglés para reforzar exotismo. Y habla de “hacer un completo circulo”; eso es el ensayo: del ir y del retorno, pero volviendo cambiado. Una situación circular, pero con variaciones, con avances. Con viajes mentales. No es como dice Ciro"hoy todo vuelve a empezar y será lo que ya fue".La historia no se repite del todo.


Este es Ciro:
http://www.youtube.com/watch?v=J7mjzCX0eWA
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