Laura,
Gracias por responder mi carta en principio.
Me parece que no quedo en claro el punto de mi carta anterior. Mi crítica iba dirigida hacia las frases de campaña de su agrupación, no a un ataque contra la legalización del aborto.
Primero, el núcleo de la cuestión es claramente si un feto en determinado mes, es o no considerable un ser humano. Eso es el eje de cualquier discusión. Si eso es pasado por delante, sobreentendido, genera confusiones o es un debate falaz. Claramente, si el feto en “x” mes no es una persona, no se atenta contra ningún derecho y la decisión sólo debiese depender de la mujer(consensuada con el progenitor varón).Ahora, si la premisa de que “un feto en ‘x’ mes SÍ es una persona” la discusión cambia totalmente. No es una madre en su soledad, con una decisión que sólo le incumbe a ella. Se está ante el derecho de un tercero, que además esta indefenso.
Me parece que si uno acepta que el feto en determinado mes es una vida, puede entender porque se asimila a asesinato la interrupción voluntaria. Siguiendo esta línea (que el feto, por ejemplo en el sexto mes, sí es una vida) tu comentario “¿y dónde está mi derecho a un aborto legal, gratuito y SEGURO? No en clínicas clandestinas donde nuestra vida está en riesgo” es analogable a que un asesino a sueldo pidiese condiciones óptimas y seguras en el ejercicio de su profesión, porque al practicarla, corre riesgos.
Laura, el eje claro de la discusión es el dilema ¿Es o no una vida humana, el feto? Pero obviamente a esa pregunta le faltaría agregar el determinado mes. ¿Aceptarías que al séptimo mes de gestación el feto no es una vida? Lo falaz de tu argumentación fue olvidar esa cuestión. Y lo que yo reprocho es que se esquive todo ese debate en el “yo decido sobre mi cuerpo”.
Además, la cuestión sobre si es un ser humano, es filosófica de raíz (¿cuál es la esencia humana?), no se resuelve con una mera observación científica. Para e caso, podría citar datos científicos( a los 3 meses se observa actividad neuronal, al quinto mes el feto muestra respuestas defensivas ante estímulos inducidos, etc.)
El punto de mi carta no fue afirmar concluyentemente que se está “aniquilando pequeñas vidas”, sino el error intelectual de su campaña.
Acerca de lo que me escribiste “Creo que estas lateralizando una frase que es más bien utilizada como spot, en donde reflejamos cuál es nuestra ideología y a qué apuntamos”, yo escribí que uds. estan más cerca de una filosofía liberal que de una colectivista como el socialismo por ejemplo, al poner en primera plana al individuo y su esfera con el “YO DECIDO...”.Claramente es una interpretación mía, yo relaciono a Uds. de izquierda con liberalismo. Que sea una apreciación mia no los absuelve a ustedes. Varios compañeros en Puán me comentaron lo mismo y hicieron eco del mismo sentimiento, de que es una frase individualista (además que esquiva, como dije, el núcleo de la cuestión). Uno tiene que hacerse cargo de lo que genera, no puede librarse de la responsabilidad completamente, aunque los efectos recaigan en el otro. Si yo salgo con una remera del Che, no puedo esperar que la gente no concluya que soy de izquierda.
Podrían haber elegido otras frases para ilustrar el punto del derecho femenino, incluso obviando la discusión sobre si el feto es o no humano blabla. Pero eligieron una frase con el individuo en el centro, etre otras cosas. Por eso una contradicción asoma entre sus convicciones de izquierda y su publicidad en este tema.
Te voy a buscar en la facultad así charlamos cara a cara.
Manuel
viernes, 24 de septiembre de 2010
lunes, 13 de septiembre de 2010
Carta argumentativa
A la agrupación Las Rojas:
Soy Manuel, tengo veinte años, soy estudiante de filosofía en la UBA y curso en Puán. No pude evitar chocar con una de sus pancartas pro-aborto legal, en el cual aclaman “Yo decido sobre mi cuerpo”; conozco un poco de su trayectoria y su pose supuestamente de izquierda. Mi objetivo no es discutir ‘aborto sí-aborto no’, yo quiero discutir los argumentos que esgrimen y la contradicción odiosa en la que están.
Primero, desde el vamos, el lema “yo decido sobre mi cuerpo” es engañoso, porque esquiva la cuestión fundamental, si el feto o bebé en camino es una vida humana en acto, o una mera potencia. Esto no puede pasar por alto, porque si se acepta que es una vida, la mujer abortante está decidiendo por otro, yendo expresamente más lejos de “ mi libertad termina donde empieza el derecho del otro”. Si fuese así, deja de ser un tema personal de la abortante, para implicar a un tercero.
Después, más allá de la discusión de legalizar el aborto o no, que es un tema del que ni yo mismo tengo una decisión tomada, me parece importante señalar la incoherencia de su argumento con su ideología. Por ejemplo, un dicho de una militante “cada quien es dueño de su cuerpo y de lo que haga con su producto” que pretender unir con ideología marxista (“el trabajador debe ser dueño de su trabajo”) olvida que un hijo no es una mera cosa, susceptible a ser intercambiada y de la que no se puede decidir absolutamente. ¿No seríamos todos esclavos de nuestros papás (y ellos de sus papás, etc.) porque fuimos productos de su trabajo? Con frases como ésa, o “yo decido sobre mi cuerpo” están mas cerca de Locke y de los libertarios ( filósofos del neoliberalismo) más que de una posición de izquierda, más una reivindicación del “yo quiero” libertino("yo soy mi propio propietario, nadie puede legislar sobre mi"..etc.) que de una posición ética orientada hacia el otro.
En fin, al esquivar la verdadera discusión sobre la humanidad del feto, al apostar por una afirmación del YO DECIDO más allá de las consecuencias (egoísta si sobrepasa el derecho de otros) y utilizar el “cada cual es dueño de su trabajo2, que se acerca mas a una defensa de la propiedad privada por un liberal que en un argumento marxista, caen en contradicciones y una posición obtusa.
Saludos .
Manuel
DNI 32 567 899 begin_of_the_skype_highlighting 32 567 899 end_of_the_skype_highlighting
Soy Manuel, tengo veinte años, soy estudiante de filosofía en la UBA y curso en Puán. No pude evitar chocar con una de sus pancartas pro-aborto legal, en el cual aclaman “Yo decido sobre mi cuerpo”; conozco un poco de su trayectoria y su pose supuestamente de izquierda. Mi objetivo no es discutir ‘aborto sí-aborto no’, yo quiero discutir los argumentos que esgrimen y la contradicción odiosa en la que están.
Primero, desde el vamos, el lema “yo decido sobre mi cuerpo” es engañoso, porque esquiva la cuestión fundamental, si el feto o bebé en camino es una vida humana en acto, o una mera potencia. Esto no puede pasar por alto, porque si se acepta que es una vida, la mujer abortante está decidiendo por otro, yendo expresamente más lejos de “ mi libertad termina donde empieza el derecho del otro”. Si fuese así, deja de ser un tema personal de la abortante, para implicar a un tercero.
Después, más allá de la discusión de legalizar el aborto o no, que es un tema del que ni yo mismo tengo una decisión tomada, me parece importante señalar la incoherencia de su argumento con su ideología. Por ejemplo, un dicho de una militante “cada quien es dueño de su cuerpo y de lo que haga con su producto” que pretender unir con ideología marxista (“el trabajador debe ser dueño de su trabajo”) olvida que un hijo no es una mera cosa, susceptible a ser intercambiada y de la que no se puede decidir absolutamente. ¿No seríamos todos esclavos de nuestros papás (y ellos de sus papás, etc.) porque fuimos productos de su trabajo? Con frases como ésa, o “yo decido sobre mi cuerpo” están mas cerca de Locke y de los libertarios ( filósofos del neoliberalismo) más que de una posición de izquierda, más una reivindicación del “yo quiero” libertino("yo soy mi propio propietario, nadie puede legislar sobre mi"..etc.) que de una posición ética orientada hacia el otro.
En fin, al esquivar la verdadera discusión sobre la humanidad del feto, al apostar por una afirmación del YO DECIDO más allá de las consecuencias (egoísta si sobrepasa el derecho de otros) y utilizar el “cada cual es dueño de su trabajo2, que se acerca mas a una defensa de la propiedad privada por un liberal que en un argumento marxista, caen en contradicciones y una posición obtusa.
Saludos .
Manuel
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lunes, 6 de septiembre de 2010
la ficción puede leerse como ciencia.
No solo la ciencia ficcion inspira conocimiento cientifico.
http://www.frbb.utn.edu.ar/utec/15/n04.html
Borges y la mecánica cuántica :: Alberto Rojo en la FRBB
El día 4 de julio se presentó en el Aula Magna de la Facultad, Alberto Rojo, quien brindó la charla titulada "Borges y la Mecánica Cuántica". La actividad contó con un marco de gente que colmó la sala. Rojo, actualmente radicado en Estados Unidos, disertó sobre la vinculación de la Física Cuántica y la obra del genial Jorge Luis Borges, cautivando tanto a literatos como a físicos, ingenieros y público en general. La actividad fue organizada por la Secretaría de Cultura y Extensión Universitaria.
A continuación transcribimos parte de dicha conferencia.
Entrada al laberinto: Los senderos cuánticos
Las leyes de la mecánica cuántica describen el comportamiento del mundo microscópico; un mundo en el que los objetos son tan livianos que la presión de un rayo de luz, por tenue que sea, puede ocasionar desplazamientos bruscos. Esos objetos -átomos y moléculas invisibles al ojo humano- se mueven e interactúan unos con otros de una manera cualitativamente distinta de como lo hacen las pelotas de tenis, los automóviles, los planetas y el resto de la fauna del mundo visible. Veamos cómo.
Tanto en la descripción del mundo microscópico como en la del macroscópico es útil hablar del estado de un objeto. Un estado posible de una pelota de tenis es: en reposo al lado de la red. Otro estado posible es: a un metro del suelo y moviéndose hacia arriba a una velocidad de un metro por segundo. En este lenguaje, especificar el estado de la pelota de tenis en un momento dado es entonces indicar su posición y su velocidad en ese momento. Las leyes de la mecánica clásica, enunciadas por Isaac Newton, permiten predecir, dado el estado de la pelota de tenis en un instante inicial, el estado de la pelota de tenis en todo instante posterior. La secuencia de estados no es nada más que la trayectoria de la pelota de tenis. En mecánica cuántica esta descripción no funciona. Los átomos y otras partículas microscópicas no admiten una descripción en la que indicar el estado de la partícula en un momento dado se corresponda con indicar la velocidad y la posición: en mecánica cuántica, especificar el estado de una partícula en un momento dado es indicar una cierta función que contiene la probabilidad de que la partícula esté en un cierto lugar con una cierta velocidad. Las leyes de la mecánica cuántica, enunciadas en este caso por Erwin Schrödinger y Werner Heisenberg, permiten calcular los cambios temporales de esa función de probabilidad (o en términos más técnicos, de la función de onda ). Los cambios de estado no son cambios de posición sino cambios de la función de onda. Nos encontramos así con una de las revoluciones conceptuales de la mecánica cuántica: la pérdida de la idea de trayectoria en favor de una descripción en términos de las probabilidades de las trayectorias.
Pero la historia no termina ahí. Al fin y al cabo, a menudo en nuestro mundo cotidiano nos enfrentamos a situaciones en las que el azar juega un papel crucial y cuya descripción requiere un lenguaje probabilístico. Con el objeto de comparar dos visiones probabilísticas, la clásica y la cuántica, consideremos el más simple de los experimentos aleatorios del mundo macroscópico: Alicia tira al aire una moneda y la retiene en su mano cerrada. María debe predecir si la moneda que Alicia oculta en su mano cayó cara o cruz. Desde el punto de vista de María, el estado de la moneda (olvidémonos por el momento de su velocidad) podría describirse por una función de probabilidad (clásica) que indica que cada estado posible, cara o cruz, tiene una probabilidad del cincuenta por ciento. Si bien María tendrá que esperar que Alicia abra la mano para saber si la moneda cayó cara o cruz, es "obvio" que la moneda cayó en una, y sólo una, de las dos posibilidades y que la descripción probabilística en este caso cuantifica la ignorancia que tiene María del estado, o de la posición, de la moneda. Cuando Alicia abre la mano, María comprueba que la moneda cayó, digamos, cruz. Por un lado podemos hablar también del cambio de estado de la memoria de María, que pasó de ignorar cómo cayó la moneda, a saber que cayó cruz. Por otro lado, en el proceso de observación, el estado de la moneda no cambió: la moneda había caído cruz y la observación lo único que hizo fue develar un resultado que existía de antemano. Comparemos este experimento con su equivalente microscópico. Si bien no existen monedas microscópicas, existen sistemas (átomos) que pueden estar en alguno de dos estados mutuamente excluyentes. El experto reconocerá que estoy hablando del "espín" de un átomo, que puede tomar dos valores: "arriba" y "abajo". Digamos que tenemos un átomo en una "caja" cerrada (que juega el papel de la mano de Alicia) y que sabemos que la función de onda del átomo corresponde un cincuenta por ciento para arriba y un cincuenta por ciento para abajo. En analogía con la moneda de Alicia, si abrimos la caja veremos el átomo en una de las dos posibilidades y si repetimos muchas veces el experimento preparando el átomo en el mismo estado inicial, comprobaremos que aproximadamente la mitad de las veces el espín está para arriba y casi la mitad de las veces para abajo. Hasta aquí las dos visiones probabilísticas coinciden. Sin embargo, la mecánica cuántica admite la posibilidad de que el átomo esté en una superposición de estados antes de ser observado y en un estado definido después de ser observado. Digamos que María tiene ahora un detector capaz de abrir la caja y observar el espín del átomo. Después del proceso de medición no sólo cambia la memoria de María sino que también cambia el estado del átomo . La diferencia crucial estriba en que antes de que María lo observe el átomo está en una superposición de los dos estados; y no tiene sentido decir que está o para arriba o para abajo, porque el átomo está simultáneamente en los dos estados. Esta peculiar característica, que no tiene cabida en nuestra intuición, nos pone en frente de otra de las revoluciones conceptuales de la mecánica cuántica: la pérdida de la existencia de una realidad objetiva en favor de varias realidades que existen simultáneamente.
La pregunta central, que resume el problema de la medición, todavía hoy sin resolver, puede ser formulada en el contexto de nuestro ejemplo de la siguiente manera:
Si tanto María como el átomo están sometidos a las leyes cuánticas; y si el átomo está en una superposición de estados antes de la medición y en uno bien definido después de la medición, ¿cuál es el mecanismo por el cual el átomo "elige" un estado y no otro? El consenso generalizado es que la solución de este dilema excede a la mecánica cuántica, desborda una de las teorías de la física con mayor poder explicativo y de predicción.
La única "solución" a la paradoja estaría en la teoría de Everett, llegamos a la encrucijada central del laberinto: o aceptamos que la mecánica cuántica es incompleta o aceptamos la resistida teoría de los mundos paralelos de Everett y DeWitt, en cuyo caso el mundo sería precisamente el laberinto de Ts'ui Pên, que:
"creía en una serie de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas las posibilidades. No existimos en la mayoría de esos tiempos; en algunos existe usted y no yo; en otros, yo, no usted; en otros, los dos" ( Obras Completas , I: 479).
Las bifurcaciones de Ts'ui Pên y las ramificaciones de Hugh Everett III.
En el prólogo de Ficciones Borges nos advierte que "El jardín de senderos que se bifurcan" es una pieza policial. Yu Tsun, espía y protagonista de la historia, debe transmitir el nombre de una ciudad a los oficiales alemanes. Acosado por el implacable capitán Richard Madden, decide comunicar su mensaje matando al sabio sinólogo Stephen Albert, porque su apellido es igual al nombre de la ciudad que los alemanes tienen que atacar. Así, cuando los diarios británicos publicasen la noticia del asesinato de Albert en manos de un desconocido, los alemanes recibirían el mensaje. Yu Tsun encuentra la dirección de la casa de Albert en la guía telefónica y, una vez allí, por obra de una fortuita coincidencia borgeana, Albert reconoce a Yu Tsun como el bisnieto de Ts'ui Pên, un astrólogo chino que ha escrito un libro extraordinario: El Jardín de Senderos que se Bifurcan . Ts'ui Pên se había propuesto dos tareas inconcebibles: construir un laberinto infinitamente complejo y escribir una novela interminable. Después de su muerte se pensó que había fracasado por cuanto la existencia del laberinto no estaba clara y la novela no sólo estaba incompleta sino que resultaba absurda e incoherente (por ejemplo, algunos personajes morían y reaparecían en capítulos posteriores). Para sorpresa de Yu Tsun, Albert le revela que ha descubierto el secreto de la enigmática novela: el libro es el laberinto, y el laberinto no es espacial sino temporal. El jardín es la imagen del universo tal como lo concebía Ts'ui Pên, y si aceptamos la hipótesis de Everett, el mundo es un jardín de senderos que se bifurcan.
En cada medición cuántica el universo se ramifica, con una componente por cada resultado posible del experimento. En uno de los universos la memoria de María se corresponde con el espín para arriba; en el otro, con el espín para abajo. La secuencia de las configuraciones de la memoria de María, o la "trayectoria" de las memorias es diferente en cada uno de los universos.
Los dos autores presentan la idea central de maneras llamativamente parecidas. En la sección 5 del artículo original, Everett dice:
La "trayectoria" de las configuraciones de la memoria de un observador que realiza una serie de mediciones no es una secuencia lineal de configuraciones de la memoria sino un árbol ramificándose (a branching tree), con todos los resultados posibles que existen simultáneamente.
Y en "El Jardín", Borges dice:
En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras; en la del casi inextricable Ts'ui Pên, opta "simultáneamente" por todas. Crea, así, diversos porvenires, diversos tiempos, que también proliferan y se bifurcan.
Ahora bien, ¿dónde están todos estos universos? Una respuesta es que pueden estar "aquí", donde está "nuestro" universo. Según la teoría estos universos no interactúan, de manera que no hay razón para excluir la posibilidad de que estén ocupando el mismo espacio. Otra respuesta es que los universos estén "apilados" en una dimensión adicional de la que nada sabemos. Esta posibilidad debe distinguirse de las "infinitas dimensiones de tiempo" de las que habla Borges en su ensayo sobre J. W. Dunne, en Otras Inquisiciones . Según Dunne, cuyos escritos son acaso la inspiración de la idea de que el tiempo se bifurca, esas dimensiones son espaciales e incluso llega a hablar de un tiempo perpendicular a otro. Esa "geometrización" no tiene cabida en la teoría de los muchos mundos, y es por cierto distinta del tiempo ramificado de Ts'ui Pên.
Borges parece ser entonces el primero en formular esta alternativa al tiempo lineal. La otra posibilidad, la de un tiempo cíclico, tiene numerosos antecedentes en culturas arcaicas y en literaturas a las que Borges hace detallada referencia en varios escritos. Con los tiempos múltiples la historia es diferente: "Hume ha negado la existencia de un espacio absoluto, en la que tiene lugar cada cosa; yo, la de un solo tiempo, en la que se eslabonan todos los hechos . Negar la coexistencia no es menos arduo que negar la sucesión ( Otras Inquisiciones ).
Mientras compilaba el material para este ensayo le pregunté a Bryce DeWitt, que ahora está en la Universidad de Texas en Austin, si él tenía conocimiento de "El Jardín de senderos que se bifurcan" al escribir el artículo de 1971 donde acuña el término "muchos mundos". Me contestó que no.
Finalmente, ¿qué nos enseña este asombroso paralelismo? Al fin y al cabo las coincidencias existen y a veces inducen a confundir correlación con causa y efecto, o similitud con representación. En mi opinión, el parecido entre los dos textos nos muestra de qué manera extraordinaria la mente de Borges estaba inmersa en el entramado cultural del siglo veinte, en esa complejísima red cuyos secretos componentes se ramifican más allá de los límites clasificatorios de cada disciplina. La estructura de ficción razonada de los cuentos de Borges, que a veces parecen teoremas con hipótesis fantásticas, es capaz de destilar ideas en proceso de gestación que antes de convertirse en teorías hacen escala en la literatura. Y así como las ideas de Everett y DeWitt pueden leerse como ciencia ficción; en "El Jardín de los senderos que se bifurcan", la ficción puede leerse como ciencia.
http://www.frbb.utn.edu.ar/utec/15/n04.html
Borges y la mecánica cuántica :: Alberto Rojo en la FRBB
El día 4 de julio se presentó en el Aula Magna de la Facultad, Alberto Rojo, quien brindó la charla titulada "Borges y la Mecánica Cuántica". La actividad contó con un marco de gente que colmó la sala. Rojo, actualmente radicado en Estados Unidos, disertó sobre la vinculación de la Física Cuántica y la obra del genial Jorge Luis Borges, cautivando tanto a literatos como a físicos, ingenieros y público en general. La actividad fue organizada por la Secretaría de Cultura y Extensión Universitaria.
A continuación transcribimos parte de dicha conferencia.
Entrada al laberinto: Los senderos cuánticos
Las leyes de la mecánica cuántica describen el comportamiento del mundo microscópico; un mundo en el que los objetos son tan livianos que la presión de un rayo de luz, por tenue que sea, puede ocasionar desplazamientos bruscos. Esos objetos -átomos y moléculas invisibles al ojo humano- se mueven e interactúan unos con otros de una manera cualitativamente distinta de como lo hacen las pelotas de tenis, los automóviles, los planetas y el resto de la fauna del mundo visible. Veamos cómo.
Tanto en la descripción del mundo microscópico como en la del macroscópico es útil hablar del estado de un objeto. Un estado posible de una pelota de tenis es: en reposo al lado de la red. Otro estado posible es: a un metro del suelo y moviéndose hacia arriba a una velocidad de un metro por segundo. En este lenguaje, especificar el estado de la pelota de tenis en un momento dado es entonces indicar su posición y su velocidad en ese momento. Las leyes de la mecánica clásica, enunciadas por Isaac Newton, permiten predecir, dado el estado de la pelota de tenis en un instante inicial, el estado de la pelota de tenis en todo instante posterior. La secuencia de estados no es nada más que la trayectoria de la pelota de tenis. En mecánica cuántica esta descripción no funciona. Los átomos y otras partículas microscópicas no admiten una descripción en la que indicar el estado de la partícula en un momento dado se corresponda con indicar la velocidad y la posición: en mecánica cuántica, especificar el estado de una partícula en un momento dado es indicar una cierta función que contiene la probabilidad de que la partícula esté en un cierto lugar con una cierta velocidad. Las leyes de la mecánica cuántica, enunciadas en este caso por Erwin Schrödinger y Werner Heisenberg, permiten calcular los cambios temporales de esa función de probabilidad (o en términos más técnicos, de la función de onda ). Los cambios de estado no son cambios de posición sino cambios de la función de onda. Nos encontramos así con una de las revoluciones conceptuales de la mecánica cuántica: la pérdida de la idea de trayectoria en favor de una descripción en términos de las probabilidades de las trayectorias.
Pero la historia no termina ahí. Al fin y al cabo, a menudo en nuestro mundo cotidiano nos enfrentamos a situaciones en las que el azar juega un papel crucial y cuya descripción requiere un lenguaje probabilístico. Con el objeto de comparar dos visiones probabilísticas, la clásica y la cuántica, consideremos el más simple de los experimentos aleatorios del mundo macroscópico: Alicia tira al aire una moneda y la retiene en su mano cerrada. María debe predecir si la moneda que Alicia oculta en su mano cayó cara o cruz. Desde el punto de vista de María, el estado de la moneda (olvidémonos por el momento de su velocidad) podría describirse por una función de probabilidad (clásica) que indica que cada estado posible, cara o cruz, tiene una probabilidad del cincuenta por ciento. Si bien María tendrá que esperar que Alicia abra la mano para saber si la moneda cayó cara o cruz, es "obvio" que la moneda cayó en una, y sólo una, de las dos posibilidades y que la descripción probabilística en este caso cuantifica la ignorancia que tiene María del estado, o de la posición, de la moneda. Cuando Alicia abre la mano, María comprueba que la moneda cayó, digamos, cruz. Por un lado podemos hablar también del cambio de estado de la memoria de María, que pasó de ignorar cómo cayó la moneda, a saber que cayó cruz. Por otro lado, en el proceso de observación, el estado de la moneda no cambió: la moneda había caído cruz y la observación lo único que hizo fue develar un resultado que existía de antemano. Comparemos este experimento con su equivalente microscópico. Si bien no existen monedas microscópicas, existen sistemas (átomos) que pueden estar en alguno de dos estados mutuamente excluyentes. El experto reconocerá que estoy hablando del "espín" de un átomo, que puede tomar dos valores: "arriba" y "abajo". Digamos que tenemos un átomo en una "caja" cerrada (que juega el papel de la mano de Alicia) y que sabemos que la función de onda del átomo corresponde un cincuenta por ciento para arriba y un cincuenta por ciento para abajo. En analogía con la moneda de Alicia, si abrimos la caja veremos el átomo en una de las dos posibilidades y si repetimos muchas veces el experimento preparando el átomo en el mismo estado inicial, comprobaremos que aproximadamente la mitad de las veces el espín está para arriba y casi la mitad de las veces para abajo. Hasta aquí las dos visiones probabilísticas coinciden. Sin embargo, la mecánica cuántica admite la posibilidad de que el átomo esté en una superposición de estados antes de ser observado y en un estado definido después de ser observado. Digamos que María tiene ahora un detector capaz de abrir la caja y observar el espín del átomo. Después del proceso de medición no sólo cambia la memoria de María sino que también cambia el estado del átomo . La diferencia crucial estriba en que antes de que María lo observe el átomo está en una superposición de los dos estados; y no tiene sentido decir que está o para arriba o para abajo, porque el átomo está simultáneamente en los dos estados. Esta peculiar característica, que no tiene cabida en nuestra intuición, nos pone en frente de otra de las revoluciones conceptuales de la mecánica cuántica: la pérdida de la existencia de una realidad objetiva en favor de varias realidades que existen simultáneamente.
La pregunta central, que resume el problema de la medición, todavía hoy sin resolver, puede ser formulada en el contexto de nuestro ejemplo de la siguiente manera:
Si tanto María como el átomo están sometidos a las leyes cuánticas; y si el átomo está en una superposición de estados antes de la medición y en uno bien definido después de la medición, ¿cuál es el mecanismo por el cual el átomo "elige" un estado y no otro? El consenso generalizado es que la solución de este dilema excede a la mecánica cuántica, desborda una de las teorías de la física con mayor poder explicativo y de predicción.
La única "solución" a la paradoja estaría en la teoría de Everett, llegamos a la encrucijada central del laberinto: o aceptamos que la mecánica cuántica es incompleta o aceptamos la resistida teoría de los mundos paralelos de Everett y DeWitt, en cuyo caso el mundo sería precisamente el laberinto de Ts'ui Pên, que:
"creía en una serie de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas las posibilidades. No existimos en la mayoría de esos tiempos; en algunos existe usted y no yo; en otros, yo, no usted; en otros, los dos" ( Obras Completas , I: 479).
Las bifurcaciones de Ts'ui Pên y las ramificaciones de Hugh Everett III.
En el prólogo de Ficciones Borges nos advierte que "El jardín de senderos que se bifurcan" es una pieza policial. Yu Tsun, espía y protagonista de la historia, debe transmitir el nombre de una ciudad a los oficiales alemanes. Acosado por el implacable capitán Richard Madden, decide comunicar su mensaje matando al sabio sinólogo Stephen Albert, porque su apellido es igual al nombre de la ciudad que los alemanes tienen que atacar. Así, cuando los diarios británicos publicasen la noticia del asesinato de Albert en manos de un desconocido, los alemanes recibirían el mensaje. Yu Tsun encuentra la dirección de la casa de Albert en la guía telefónica y, una vez allí, por obra de una fortuita coincidencia borgeana, Albert reconoce a Yu Tsun como el bisnieto de Ts'ui Pên, un astrólogo chino que ha escrito un libro extraordinario: El Jardín de Senderos que se Bifurcan . Ts'ui Pên se había propuesto dos tareas inconcebibles: construir un laberinto infinitamente complejo y escribir una novela interminable. Después de su muerte se pensó que había fracasado por cuanto la existencia del laberinto no estaba clara y la novela no sólo estaba incompleta sino que resultaba absurda e incoherente (por ejemplo, algunos personajes morían y reaparecían en capítulos posteriores). Para sorpresa de Yu Tsun, Albert le revela que ha descubierto el secreto de la enigmática novela: el libro es el laberinto, y el laberinto no es espacial sino temporal. El jardín es la imagen del universo tal como lo concebía Ts'ui Pên, y si aceptamos la hipótesis de Everett, el mundo es un jardín de senderos que se bifurcan.
En cada medición cuántica el universo se ramifica, con una componente por cada resultado posible del experimento. En uno de los universos la memoria de María se corresponde con el espín para arriba; en el otro, con el espín para abajo. La secuencia de las configuraciones de la memoria de María, o la "trayectoria" de las memorias es diferente en cada uno de los universos.
Los dos autores presentan la idea central de maneras llamativamente parecidas. En la sección 5 del artículo original, Everett dice:
La "trayectoria" de las configuraciones de la memoria de un observador que realiza una serie de mediciones no es una secuencia lineal de configuraciones de la memoria sino un árbol ramificándose (a branching tree), con todos los resultados posibles que existen simultáneamente.
Y en "El Jardín", Borges dice:
En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras; en la del casi inextricable Ts'ui Pên, opta "simultáneamente" por todas. Crea, así, diversos porvenires, diversos tiempos, que también proliferan y se bifurcan.
Ahora bien, ¿dónde están todos estos universos? Una respuesta es que pueden estar "aquí", donde está "nuestro" universo. Según la teoría estos universos no interactúan, de manera que no hay razón para excluir la posibilidad de que estén ocupando el mismo espacio. Otra respuesta es que los universos estén "apilados" en una dimensión adicional de la que nada sabemos. Esta posibilidad debe distinguirse de las "infinitas dimensiones de tiempo" de las que habla Borges en su ensayo sobre J. W. Dunne, en Otras Inquisiciones . Según Dunne, cuyos escritos son acaso la inspiración de la idea de que el tiempo se bifurca, esas dimensiones son espaciales e incluso llega a hablar de un tiempo perpendicular a otro. Esa "geometrización" no tiene cabida en la teoría de los muchos mundos, y es por cierto distinta del tiempo ramificado de Ts'ui Pên.
Borges parece ser entonces el primero en formular esta alternativa al tiempo lineal. La otra posibilidad, la de un tiempo cíclico, tiene numerosos antecedentes en culturas arcaicas y en literaturas a las que Borges hace detallada referencia en varios escritos. Con los tiempos múltiples la historia es diferente: "Hume ha negado la existencia de un espacio absoluto, en la que tiene lugar cada cosa; yo, la de un solo tiempo, en la que se eslabonan todos los hechos . Negar la coexistencia no es menos arduo que negar la sucesión ( Otras Inquisiciones ).
Mientras compilaba el material para este ensayo le pregunté a Bryce DeWitt, que ahora está en la Universidad de Texas en Austin, si él tenía conocimiento de "El Jardín de senderos que se bifurcan" al escribir el artículo de 1971 donde acuña el término "muchos mundos". Me contestó que no.
Finalmente, ¿qué nos enseña este asombroso paralelismo? Al fin y al cabo las coincidencias existen y a veces inducen a confundir correlación con causa y efecto, o similitud con representación. En mi opinión, el parecido entre los dos textos nos muestra de qué manera extraordinaria la mente de Borges estaba inmersa en el entramado cultural del siglo veinte, en esa complejísima red cuyos secretos componentes se ramifican más allá de los límites clasificatorios de cada disciplina. La estructura de ficción razonada de los cuentos de Borges, que a veces parecen teoremas con hipótesis fantásticas, es capaz de destilar ideas en proceso de gestación que antes de convertirse en teorías hacen escala en la literatura. Y así como las ideas de Everett y DeWitt pueden leerse como ciencia ficción; en "El Jardín de los senderos que se bifurcan", la ficción puede leerse como ciencia.
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