Acabar el secreto
(Protagonista, sentado en un vagón vacío)
Me dirijo a una sección inhóspita de la galaxia. Es un rincón sub-desarrollado, donde todavía se cultiva manualmente, las personas todavía hacen ese tipo de esfuerzos. No conocen el ocio que provee dejar las máquinas hagan ese trabajo. Es eso, o que la tecnología no se molesta en llegar allá mientras no represente beneficios tangibles hacerlo. Es el Planeta Ciento Trece, a tres constelaciones de distancia con respecto a la Tierra.
Pero no importa que transbordador tome , y que parada lejana elija, no me hay salida. Soy uno de tantos en extinción. Estar entre tantas máquinas termina convenciéndome en que soy una también. Los robots son el último instinto de auto destrucción de la humanidad: cada vez son mas imitativas de las conductas, nunca cometen errores, son más rápidas. Su unica carencia es la conciencia. Falta de auto-conciencia, de un espacio vital que las refleje y que les de Yo. Es esa la gran posesión humana, invisible, imperceptible solo en singular: la conciencia, la mía en concreto. Los robots van a ser juguetes, meras cosas. No ocultan nada, son incapaces de mentir, de mantener secretos, son purísima fidelidad. Yo en cambio, soy un misterio a develar. Nadie puede sentir conmigo, nadie puede enterarse a menos que me manifieste. El robot es mera publicidad, hay nada de conciencia detrás. Y qué alivio, que haya barreras, que yo no sea una cosa, sino un misterio vivo.
(Personaje se sobresalta y gesticula como alarmado ante entrada de cinco personas que se sientan tres filas por detrás de él).
Esperando agazapado sabiendo ser descubierto de un momento a otro. El instinto auto-destructivo ha llegado más lejos, la tecnología ha publicado la conciencia, ha hecho posible transparentar pensamiento y deseo. La privacidad como cosa anticuada.
Una confesión a mi mismo vientre, un último secreto antes que lleguen. Los secretos recuerdan que uno tiene algo que todo el mundo no, y por lo tanto distinguen a uno del mundo. Ya no son la misma cosa gracias a la no correspondencia. Conteniendo el pensamiento, la última fortaleza a la que nadie puede entrar. Mis deseos y mis pensamientos son secretos; mientras los calle soy dueño de ellos; por eso pensar es contener el aliento. Y ellos quieren exhalarme por completo, dejarme como recipiente vacío.
(Ruidos. Protagonista levanta la mirada. Dos mujeres se sientan detrás. El protagonista las observa, suspira como aliviado y vuelve a sus pensamientos)
Desaparecen poco a poco los escondites, no en mucho la intimidad toda estará vomitada hacia fuera. Hombres disfrazados, van a peritar mi mente y van a desangrar mi interior, cualquier motivo es inventable, que hice esto o aquello, que la búsqueda de la verdad es inaplazable. Hombres con motivos extraños y que no conozco, cualquieras pueden ser, ellos y sus motivos. Van a exteriorizarme, y yo desaparecer. “Yo” es una palabra tan privada, solo vivible por uno, y me será privada.
(Pasos por el corredor del vagón. Una mujer se sienta enfrentando al protagonista que mira absorto a un ventanal)
Creo que no estoy loco, creo esto no es una alarma en falso, creo estar sentado en la pieza del transbordador trece, no lo dudo. Viajo hacia Campo Numero Trece, y siento miedo de ser descubierto. Estos hombres, estoy seguro, vienen a desguazar mis adentros, pesquisar cada recoveco interno. Se me acaba la posibilidad de fingir y simular, en un mundo de pura y aburrida verdad. Un mundo solemne, sin independencia, yo sé que falta poco para que sea así. Ah! La mentira va a ser detectada y sancionada! Que cosa tan fácil será leer intenciones.
Leído como una hoja de papel. Hombres van a venir, han de ser policías buscando una pobre información.¡Si yo no tengo nada! Voy a pasar a ser una hoja de papel. Es tan injusto, de individuo a una simple hoja de papel.
(El vagón se va llenando con gente. Tres personas se sientan cerca del protagonista. La mujer enfrentada sigue mirándolo)
Esos hombres vienen a leerme. Me suena absurdo este dialogo, la charla de un enajenado parecería. Lo que quiero es disfrutar las últimas veces de intimidad y confesión, por que sé no estar loco, me sé sano, y se que vendrán a expropiar mi valioso secreto.
Policías de la verdad, buscando mi pensar sea coherente con mi hacer, alguna obligación estúpida que inculcarme, a eso vana obligarme. O simples mercenarios en busca de robar trozos de subjetividades ajenas
Voy a ser visible, tanto como una hoja de papel, porque voy a ser descubierto. Mis últimos momentos solos antes de pasar a ser claro y translúcido, legible como hoja de papel. Mi soledad de pensamiento, solo pienso y solo existo. Solo yo puedo sentir y nadie mas puede sentir conmigo…pero esto es solo por ahora. Estos tecnocratas pulverizan los límites, de lo humano , lo propio y lo mío.!
Sé que ahora no puedo salir de acá. Estoy metido e mi caverna, hundido en mi propia herida, atrapado en mi libertad..
- ¿Escuchas a los redondos?
- ¿Qué cosa?
- Eso de ‘’hundido en mi propia herida’’, ’’atrapado en mi libertad’’.Son letras del indio.
(Protagonista levanta la mirada y observa la multitud en el vagón mirándolo, riéndose. Le habla al protagonista la mujer que está enfrentada a su asiento)
- Estuve escuchando tu cuento.Lo estuviste murmurando durante el viaje. Me interesó hasta que lo empezaste a gritar – dice la vecina de asiento
- Perdoná. Tomo el Sarmiento porque los viajes en tren me inspiran. Escribo cuentos de ciencia ficción. Necesito concentrarme y me aíslo, a veces descuido que mi monologo mental se convierta en hablado. Debo parecer loco.
- Un cuentista sonámbulo.
- Algo así.
- Me gustó el fondo del cuento. Como lo más subjetivo, pasa a ser un artículo público y objetivable. Pero ¿cómo funciona esa tecnología que “lee mentes”?
- Eso es lo de menos. Algún tipo de casco que capte por un sondeo la energía mental y luego eso se traduzca a una pantalla donde se escuchen imágenes auditivas y se recreen las imágenes visuales del tipo etcétera. Lo mejor es no explicar mucho, mientras más aclaro, más oscurece.
- Es todo como una metáfora del tipo encerrado en las paredes de su propia mente, la paranoia, y como el mundo abofetea su ensimismamiento, no?
Digo, e tipo se refugia en él, y el mundo lo viene a sacar de su cáscara, a robarle su refugio.
- Una interpretación psicoanalítica, pero sí, algo así. El secreto como su conciencia en general, y la demanda del mundo que lo expulse y no finja nunca. Más la obvia paranoia persecutoria del protagonista medio delirante. Quizá nada de lo que figura sucede en un tiempo real y es todo una película.
- ¡Como vos! Haces un soliloquio en soledad, te retiras del mundo, y de repente mi voz te resucita al mundo real.
- Te agradezco ese supuesto favor. Asi perdí el hilo del cuento..
- Calma que yo lo escuché y te lo puedo relatar desde el principio.
(Protagonista voltea, y se percata cómo el resto de la gente del vagón lo mira)
- Gracias. Pero no te aconsejo que me sigas hablando. Tenemos un auditorio que piensa que estoy loco mal.
- Es medio incómodo pero te quiero seguir hablando. ¿Te bajas conmigo en la próxima parada?
- Sí. Quiero ser capaz de hacer un cuento sin tener que soñarlo, y con otra persona.
- ¿Decís la verdad?
- Sí. Se acabó el secreto, te digo la verdad.
- Capaz que podes hacer un cuento de esto, de tu proceso de escritura: viaje en tren, sueño, y tu choque con la realidad. Un cuento dentro de otro.
- ¿Una ficción dentro de otra? Eso está quemadísimo.
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